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Una selección de las mejores TED Talks

enero 29, 2011

Si en la entrada anterior enlazaba tres charlas con cierta similitud temática que me resultaron especialmente interesantes, aquí va un popurrí de intervenciones de TED Talks sin más nexo en común que merecer la pena ser vistas. Unas son divertidas, otras didácticas y otras un poco de ambas.

Dan Barber es un chef neoyorquino y asesor de Obama en nutrición que habla con mucha gracia sobre cómo se enamoró de un pez en un restaurante andaluz y de la piscifactoría sostenible de Veta la Palma, en la desembocadura del Guadalquivir.

Este es otro proyecto medioambiental a mayor escala realizado en Borneo por el biólogo Willie Smits. De origen holandés pero nacionalizado indonesio, parece un coronel Kurtz en versión bondadosa que inicialmente quiso establecer una reserva de primates en plena selva y poco a poco fue ampliando su control sobre el ecosistema de la isla hasta incluir también a sus habitantes y sus medios de producción agrícola, en un gigantesco proyecto de ingeniería del ecosistema. Espectacular.

James Cameron hablando de su afición por la ciencia-ficción, el mundo submarino y de cómo pilotando el robot a control remoto por dentro del Titanic se le ocurrió la idea de Avatar.

Del filósofo Sam Harris, sobre la necesidad de una moral universal. Recurre a ejemplos fáciles, pero es más interesante por las preguntas que se hace que por las respuestas (muy vagas) que ofrece.

Esta es de Temple Grandin, la autista que ha escrito un libro sobre su vida del que se ha hecho una película recientemente. Habla de autismo, educación, ciencia y sistemas de conducción para el ganado en las granjas. Todo ello simultáneamente y saltando de un tema a otro sin preocuparse demasiado porque la audiencia pueda seguir el hilo de su pensamiento. Definitivamente algo autista sí que es. Pero merece la pena verla, aunque sea por el traje de cowboy que lleva puesto.

Una conferencia sobre de donde provienen las grandes ideas a cargo de Steven Johnson. No de un genio solitario en su montaña sino de las cafeterías, de la interacción social. Está muy bien la historia que cuenta sobre cómo surgió el GPS.

Esta es sobre astronomía, geometría, retratos de científicos en sellos del mundo… y más cosas. A cargo de un actor y monologuista que imita muy bien las voces de extraterrestres (y de hecho fue quien le puso voz a Roger Rabbit). Hilarante, cojonuda y demencial, para verla varias veces.

Ésta es a cargo de un poeta, que habla de similitudes entre personajes históricos que mencionaron la expresión “a las cuatro de la mañana” en algún discurso, canción o libro. Muy ocurrente y elaborado.

Intervención a cargo de un publicista con bastante gracia, cuenta historias muy curiosas de cómo Federico el Grande puso de moda las patatas entre sus súbditos y de cómo se promocionaron unos cereales en Canadá.

Una charla del ilustre escéptico y divulgador científico Michael Shermer. Explica como nuestras mentes están hechas para buscar continuamente patrones en la realidad, a los que son erróneos se les llama supersticiones.

Y esto es todo, amigos. Otro día más.

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El origen de las razas humanas

octubre 1, 2010

¿A qué  se deben las diferencias raciales que pueden apreciarse en personas de diferentes partes del mundo?, ¿Son una adaptación evolutiva a sus respectivos hábitats? A menudo se ha creído que sí, pero la respuesta no está tan clara.

Pintura de castas

Mucho se ha escrito acerca de las razas humanas, elaborando en cada época clasificaciones más o menos exhaustivas sobre cuales son las que conforman la humanidad. Desde las imaginativas descripciones de Herodoto sobre pueblos extranjeros y los bestiarios medievales que clasificaban diversas criaturas monstruosas pero humanas, pasando por las conocidas como “pinturas de castas”, un género artístico que proliferó en las colonias españolas durante el siglo XVIII, que  retrataba diversos grados de mestizaje desde el galfarro (hijo de negro y mulata), pasando por Tente en el aire (hijo de calpamulto con cambuja) hasta el No te entiendo (hijo de mulato con Tente en el  aire). En el Museo de América de Madrid se conservan algunos de estos cuadros.

Pero tras multitud de clasificaciones taxonómicas a lo largo de los siglos, seguidas de sus correspondientes colonizaciones, pogromos y genocidios, hoy día es cuestionado en el ámbito académico hasta el propio concepto de raza aplicado a diferentes grupos humanos. Así que para no perdernos en cuestiones semánticas ni herir susceptibilidades nos referiremos a raza como término coloquial o, si se prefiere, concretamente a las características fisionómicas más visibles y fácilmente identificables de diversas poblaciones humanas.

El antropólogo Jared Diamond en “El tercer chimpancé” distingue entre rasgos físicos que difieren de una población a otra que sí son claramente producto de la selección natural de otros cuyo origen es más cuestionable. El tamaño compacto de los esquimales y la esbeltez de los sudaneses del Sur son maneras eficaces de conservar y disipar el calor, respectivamente, por lo que parecen claramente adaptados a su entorno natural. Los ojos rasgados de los habitantes del norte de Asía habrían sido en el pasado una manera eficiente tanto de proteger los ojos del frío como de evitar ser deslumbrados por el reflejo del sol en la nieve. Pero el más evidente de todos los rasgos por el que podemos distinguir a una persona es, en cambio, más difícil de explicar.

El color de la piel

En primer lugar la piel es visible porque –y perdón por la obviedad- no estamos cubiertos de pelo, somos “monos desnudos” como decía Desmond Morris. Así que empecemos por el principio. Hace unos seis millones de años nuestros antepasados bajaron de los árboles y se volvieron carroñeros, aprovechando las migraciones de manadas de grandes mamíferos. La solución evolutiva para poder correr y caminar largas distancias en la sabana africana sin recalentarse en exceso fue sudar. Pero para que la evaporación del sudor absorbiese el calor corporal era preciso que el liquido estuviese en contacto directamente con la piel y no con pelo.

Familia Bantú al completo

Como consecuencia de esto a menudo se ha creído que al dejar la piel expuesta en zonas muy soleadas se sufriría el riesgo de sufrir quemaduras y cáncer de piel,  de forma que entre los habitantes de zonas tropicales se habría vuelto más oscura por medio de la selección natural. Pero Diamond cuestiona esta idea porque al parecer el cáncer de piel tendría poca incidencia en la población, al menos en comparación con otras amenazas que sufrieron nuestros antepasados.

La teoría alternativa más consistente para explicar las diferencias de pigmentación es que los rayos ultravioleta favorecen la formación de vitamina D bajo la piel, así que un color oscuro prevendría las enfermedades renales provocadas por el exceso de vitamina D, mientras que en las zonas frías una piel clara favorecería la suficiente producción de dicha vitamina como para prevenir el raquitismo.

Pero hay otras muchas teorías al respecto, como que una piel oscura protegería los órganos internos de los rayos infrarrojos, que serviría de camuflaje en la selva, que permitiría conservar mejor el calor al bajar la temperatura por la noche y que protegería del envenenamiento por berilio en los trópicos. Por su parte una piel pálida según otros autores supuestamente sería menos vulnerable a la congelación.

La objeción que pone Diamond a todas ellas es que la población no está repartida por el planeta como sería de esperar según esta correlación entre el clima soleado y la oscuridad de la piel. Aún teniendo en cuenta migraciones más o menos recientes en la historia. Poblaciones que han permanecido en el mismo lugar durante decenas de miles de años -como los antiguos nativos de Tasmania- no tendrían la pigmentación que se supone más adecuada para ese clima. Además, si se tiene en cuenta la nubosidad, la cantidad de horas de luz sería similar entre el África occidental ecuatorial, la China meridional y la península escandinava.

Selección natural y selección sexual

Viuda de cola larga

Darwin distinguió entre dos fuerzas que condicionan la evolución de una especie. Una es la selección natural, es decir, la presión que ejerce el entorno sobre cada animal, de forma que solo lograr sobrevivir los mejor adaptados. Y la otra es la selección sexual, que depende de la capacidad de cada animal para atraer una pareja con la que aparearse. Por ejemplo ciertos pájaros lograrían tener más descendencia gracias al atractivo que ejerce sobre las hembras su cola larga, aunque ésta no suponga por sí misma ninguna ventaja para sobrevivir.

Respecto a las diferencias raciales entre seres humanos, Darwin creía que no tenían valor adaptativo. Es decir, que no eran fruto de la selección natural, sino de la selección sexual. En una tribu en la que por azar hubiera cierto número de individuos con tal o cual rasgo (piel oscura, pelo rizado, ojos azules o lo que fuera), este sería considerado como la norma de belleza, se pondría de moda en ese grupo por decirlo así. Esos afortunados pasarían a ser considerados más atractivos y por tanto tendrían más descendencia que heredase sus rasgos, lo cual a su vez haría aún más “normal” ese rasgo, etc.

Jared Diamond por su parte en el libro mencionado anteriormente y que ya no hace falta que os leáis, comparte parcialmente esta opinión del barbudo inglés. De forma que características como el color de la piel, el pelo y los ojos, serían fruto en gran parte (aunque admite que el debate está lejos que estar zanjado) de la selección sexual.

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