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Sobre la felicidad sintética, el estatus y la dificultad de elegir

diciembre 19, 2010

Las TED talks  (acrónimo de Technology, Entertaiment, Desing) son intervenciones de unos 10 minutos sobre dichos temas generalmente a cargo de alguien que haya destacado en su campo. Se celebran en California y dado que la entrada a las jornadas cuesta al parecer 6.000 dólares, el público no deja ningún chiste sin reir, ponen cara de pensar cuando toca y jamás se verá a nadie sesteado al fondo de la sala.

Aunque predomina el contenido académico y científico, procuran exponerlo siempre en tono didáctico y con mucho sentido del humor. De hecho también hay intervenciones directamente a cargo de humoristas, músicos y poetas, una mezcla de ciencias y letras muy curiosa. Así que iré enlazando cada cierto tiempo aquellas que me resulten más interesantes o divertidas. De momento ahí van tres charlas con un nexo en común. En la parte de abajo están el botón para añadir subtítulos en castellano.

Libertad e insatisfacción

La primera es de Dan Gilbert, profesor de psicología por la Universidad de Harvard. Habla sobre las expectativas acerca del porvenir y cómo tendemos a sobrevalorar el impacto tanto de la fortuna como de la desgracia en nuestras vidas. Señala que la “felicidad sintética” (la de la zorra cuando decide que las uvas que no podía alcanzar estaban verdes) en realidad es indistinguible de la felicidad “de verdad”, la que se obtiene cuando efectivamente logramos lo que deseamos. Pero ambas se tambalean frente a la duda que sobreviene cuando aumentan las posibilidades de elegir. A más libertad mayor insatisfacción.

Barry Schwartz, otro profesor de psicología, incide también en el problema de la libertad de elección. Más concretamente la que tenemos como consumidores ante la oferta cada vez mayor que el mercado ofrece en los países desarrollados, lo que provoca dos efectos negativos: parálisis ante la dificultad de saber cuál será la mejor opción y -si finalmente logramos decantarnos por una-  frustración al dejarnos siempre con la comezón de “tenía que haber escogido el otro, no sé yo si este será el mejor…”.

Si no hay margen de elección ante algo desagradable que nos sobrevenga podemos culpar al mundo de ello, dice Schwartz. Pero si tenemos opciones entonces la culpa pasa a ser nuestra y de ahí a la depresión hay un paso.

En torno a esta última observación coge el testigo el escritor Alain de Botton. A diferencia de la época feudal la sociedad actual, se nos dice, es meritocrática, de forma que cada uno ocuparía en la escala social el puesto que corresponde a su talento y esfuerzo. Al escarnio de la pobreza, el sistema meritocrático añade ahora la vergüenza y la culpa por serlo. Pero, dice de Botton, alcanzar hoy día la fortuna y fama de Bill Gates es tan improbable como acceder en el siglo XVII a la jerarquía de la aristocracia francesa.

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2 comentarios

  1. En Málaga se ha celebrado hace poco algo parecido. “El ser creativo” con ponentes ilustres de todo tipo y con precios fuera de mi alcance.


  2. Me encanto el artículo.



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