Archive for 22 agosto 2010

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¿Herencia genética o influencia ambiental?

agosto 22, 2010

Uno de los debates científicos y sociales más vivos durante los últimos años es el que gira en torno a cuál es la influencia de los genes en nuestro comportamiento. Ya sea en discusiones sobre feminismo, educación o delincuencia no tarda en salir la cuestión de si los roles de género, el talento, la agresividad o cualquier otro rasgo de la personalidad son algo heredado, que a cada persona le vino de serie al nacer, o bien lo aprendió de su entorno.

Una polémica que suele estar avivada por las noticias que de un tiempo a esta parte han empezado a surgir acerca del descubrimiento de genes que afectarían a comportamientos cada vez más específicos: ya sea alcoholismo, timidez, homosexualidad… confío en que hallen pronto el gen de ponerse nervioso si la persona que está delante en una cola no avanza y deja demasiado espacio delante suyo. Explicaría bastantes cosas. Así que la batalla entre ambientalistas e innantistas aparentemente está resolviéndose a favor de estos últimos. Pero la disputa viene de lejos y el péndulo no ha dejado de oscilar de un lado a otro según la época.

Comencemos en el siglo XVIII, cuando los filósofos ilustrados Locke y Hume sostenían que al nacer la mente es como una página en blanco -todo dependía del entorno en el que una persona creciera- mientras Rousseau teorizaba sobre el buen salvaje que no había sido corrompido por la civilización. Pero a lo largo del siglo siguiente pasó a imperar la opinión opuesta, en parte gracias a Francis Galton. Fue primo de Darwin, científico por el que sentía una gran admiración y cuyos logros atribuía a una excepcional “disposición mental hereditaria” y que como pariente suyo modestamente decía compartir…

Pero además de primo de Darwin, Galton ejerció de otras muchas cosas. Explorador que descubrió el norte de Namibia, inventor del uso de huellas dactilares para la identificación personal así como de los mapas del tiempo, hizo contribuciones fundamentales a la estadística… y teorizó y promovió fervientemente la eugenesia. Fue el primero en establecer como conceptos opuestos “naturaleza” y “entorno” (nature y nurture, en inglés). Motivado por el orgullo que le producía su parentesco, investigó linajes de personajes ilustres (y fue también pionero en el estudio de gemelos) para demostrar que el genio se hereda, aunque por entonces evidentemente no se conocía qué eran los genes.

 

Ahora bájese los pantalones

 

Galton, en definitiva, fue partícipe de los valores racistas y clasistas victorianos que sirvieron para justificar el imperialismo, la frenología y poco después, a comienzos del siglo XX, las políticas de eugenesia con personas consideradas nocivas para la mejora de la raza (esterilizando a retrasados, epilépticos o miembros de minorías étnicas) que se iniciaron en Estados Unidos, Canadá y varios países europeos y sudamericanos, que tendrían como colofón apoteósico el genocidio llevado a cabo por el III Reich.

Cambio de ciclo

El fin de la Segunda Guerra Mundial supuso en este debate un nuevo giro del péndulo en sentido contrario, uno especialmente drástico. Pero al rechazar -con plena razón, obviamente- las doctrinas eugenésicas y la pseudociencia racial nazi se tiró también al niño junto con el agua sucia. Por temor a que cualquier hallazgo al respecto se convirtiera en un caballo de Troya para la doctrina política que ya había devastado Europa, cualquier alusión a posibles rasgos innatos y heredables pasó a considerarse tabú. Esto ocurrió también en otros ámbitos, el hecho de que el tabaco es malo para la salud tardó en establecerse en los países occidentales por haber sido los nazis los primeros en advertirlo.

Pero esa ley del silencio académica saltó por los aires con la publicación de “Sociobiología” de Wilson en 1975, un libro sobre selección natural, herencia y parentesco en el reino animal… y también en el ser humano. Ahí la lió. Nunca un experto en hormigas provocó semejante huracán intelectual y político. Boicots a sus clases, manifestaciones de estudiantes radicales, insultos e incluso agresiones ante lo que en principio era una anodina publicación sobre zoología que parecía destinada a coger polvo junto a otras en bibliotecas de las facultades.

 

desfile norcoreano

Para las utopías igualitarias los rasgos heredados suponían un obstáculo

 

El revuelo no era a causa únicamente del recuerdo del nazismo. En las universidades de la mayor parte de los países occidentales se vivía ambiente de agitación izquierdista mucho mayor que el actual. Las utopías hippies y marxistas en torno a la creación del “hombre nuevo” y de un mundo perfectamente igualitario en el que todo fuera paz, amor y colectivismo, requerían un ser humano totalmente moldeable por medio de la educación/adoctrinamiento. Si había algo en las personas que no podía ser modificado mediante la educación entonces el cambio social no podría ser completo ni se lograría un pleno igualitarismo, pensaban.

Pero con el paso de los años las aguas políticas fueron calmándose, los estudios sobre genética comenzaron a proliferar y el clima intelectual fue abriéndose poco a poco a estas ideas. El péndulo comenzó a moverse de nuevo en sentido contrario. Si se asume que la igualdad de los ciudadanos debe ser un principio político, no un hecho biológico, entonces se empezará a perder el miedo –casi siempre infundado- a cualquier hallazgo al respecto. Sería absurdo estar esperando a los resultados de un laboratorio de ADN para confirmar que todas las personas deben tener derechos. Y respecto a qué metas pueden lograrse mediante la educación… simplemente habrá que renunciar a las expectativas desmesuradas.

La primera impresión es la que importa

Así que tras estos vaivenes históricos, actualmente en el debate sobre naturaleza o cultura, herencia genética o influencia ambiental, la conclusión más prudente para muchos podría ser decir que mitad y mitad, que ambas son importantes. Pero esta respuesta presenta el inconveniente de ser bastante tibia (y en cualquier polémica lo divertido es tomar partido y no parar hasta aplastar el cráneo de los rivales) y además no entra en muchos detalles.

 

Konrad Lorenz y los patos que lo tomaban por su madre

 

Por eso Matt Ridley en “Qué nos hace humanos” propone una manera de enfocar el asunto más interesante y sutil que limitarse a repartir salomónicamente la influencia entre los genes y la educación. No hay rivalidad entre ambos, asegura, porque la función de los genes es precisamente interactuar con el ambiente.

Para eso toma como referencia los estudios de Konrad Lorez en torno a la impronta, que es como se denomina a la imagen que queda grabada en el cerebro de las crías de oca al nacer y a la que pasarán a seguir a todas partes, que será o una oca madre o bien un científico con barba y gafas. Esa impronta es claramente una influencia ambiental, pero es así porque sus genes han establecido previamente que dicha primera impresión debe ser importante en la vida de ese animal.

Existas improntas de muy diverso tipo tanto en el reino animal como en el ser humano. Una abeja obrera cualquiera, por ejemplo, puede convertirse en Abeja Reina si tras nacer es alimentada con jalea real, porque así está programada esa respuesta al entorno en sus genes. Es una influencia que marca de por vida, por eso los psicólogos y psiquiatras suelen atribuir tanta importancia a la infancia, porque contiene las improntas que en parte nos determinaron.

 

nunca aprenderá nuestro idioma, aunque parece prestar mucha atención

 

De la misma forma, cada idioma es un artefacto cultural, pero la facilidad de un niño para memorizar el vocabulario y adquirir pericia con su sintaxis -y conservar ese acento de por vida, de paso- es claramente innata, véase la gramática universal de Chomsky. Hace falta una disposición genética previa, por eso enseñar greguerías de Ramón Gómez de la Serna a un mono langur resulta tan frustrante, creedme.

Gemelos, violencia y sentido del humor

Una herramienta muy valiosa para estudiar estos asuntos y en la como dijimos antes Galton fue pionero, es el estudio de gemelos. Los gemelos univitelinos provienen ambos del mismo óvulo y del mismo espermatozoide, así que su similitud genética es del 100%. Lo interesante viene cuando cada uno de ellos ha sido criado en un entorno diferente, proporcionando así una plataforma privilegiada para observar qué es lo que los distingue o asemeja. Aquí enlazo una entrevista muy interesante a los investigadores Thomas J. Bouchard y Nancy L. Segal que han tratado con casos de este tipo.

Por otra parte, un estudio elaborado en Dinamarca señala que el 52% de los gemelos idénticos tenían el mismo grado de actividad criminal registrada, mientras que sólo el 22% de los gemelos mellizos alcanzaban similares grados de criminalidad. También hay otros estudios daneses sobre niños adoptados para estudiar si es mayor su afinidad a sus padres biológicos o a sus padres adoptivos. De forma que un niño procedente de una familia que no tuviera problemas con la justicia y fuera a parar a una familia igualmente honrada, tenía un 13,5% de posibilidades de infringir la ley. Si la familia adoptiva era conflictiva, el porcentaje subía sólo al 14,7%. Pero si la familia adoptiva era honrada y la biológica no, sus posibilidades de delinquir ascendían nada menos que a un 20%. Y si ambas familias eran del lado oscuro entonces la cifra asciende hasta un 24,5%. Lo cual nos muestra que algunas personas serán especialmente sensibles a las influencias de su entorno… si están genéticamente predispuestas para responder a esa influencia. Igual que la jalea real para la abeja obrera.

Y entre col y col lechuga. Según una investigación que cita Ridley en su libro, el sentido del humor presenta una baja heredabilidad. Los hermanos adoptados tienen un sentido del humor similar, a diferencia de los gemelos separados. De forma que si usted adopta un niño tal vez no pueda impedir que se convierta en un criminal psicópata, pero al menos ambos se reirán de los mismos chistes.

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Big love, evolución y parentesco

agosto 10, 2010

La serie Big love de la HBO está protagonizada por un mormón del Estado de Utah, que fiel a la antigua usanza se ha casado con tres mujeres, muy guapas por cierto. Quien no la conozca puede seguir leyendo sin miedo a spoilers, de momento sólo he visto tres capítulos de la primera temporada.

De izq. a der. Bill, Barbara, Nicki y Margene

El actor Bill Paxton encarna al protagonista, Bill Henrickson. Su esposa oficial ante la ley y los vecinos se llama Barbara, con la que contrajo matrimonio hace ya 17 años y que le ha dado tres hijos. Posteriormente se sumó a la familia Nicki y luego Margene, con las que ha tenido otros dos con cada una y para ellas ha acondicionado sendas casas vecinas comunicadas con la suya.

Como no resulta difícil de imaginar, las relaciones entre las tres mujeres no están libres de roces. Pese a sus ingenuos ideales comunales acerca de compartirlo todo y los estrictos horarios de reparto de marido que organizan, no tarda en establecerse una jerarquía entre las tres (la mayor de hecho es llamada “La jefa”) según su veteranía e influencia sobre Bill. Así como una competencia cada vez más descarnada por tenerlo a él, su tiempo y sus recursos en exclusiva.

Mejor compartir un rico que tener un pobre a tiempo completo

O eso parecen pensar las protagonistas. La especie humana es principalmente monógama con una cierta inclinación a la poligínia. El matrimonio monógamo es una institución establecida en todas las sociedades del planeta y en todas las épocas. Recordemos que en aquellas sociedades en las que está permitida la poligamia en realidad la mayoría de los emparejamientos son monógamos, siendo la práctica de acumular varias esposas un privilegio reservado a una minoría opulenta.

En comparación con otras especies, el periodo de gestación y crianza en los humanos es muy largo, exigiendo una colaboración y aporte de recursos considerable de la pareja masculina para lograr afianzar esa descendencia. Lo que lleva a establecer unos lazos de complicidad y fidelidad sexual a largo plazo. Además algunos autores creen que la monogamia (inexistente entre nuestros primos chimpancés y bonobos) al reducir la rivalidad masculina entre los primeros humanos permitió mayores niveles de cooperación grupal y por tanto el desarrollo de sociedades cada vez más complejas.

Pero por otro lado tenemos que la diversidad del ADN en la mitocondria (que hombres y mujeres heredan de la madre) es mayor que la diversidad de ADN de los cromosomas Y (que los hombres heredan del padre). ¿Qué significa esto?, pues que la variación de éxito reproductivo entre los hombres históricamente ha sido mayor que entre las mujeres.

Cazadores-recolectores

Lo cual nos muestra que lo largo de las generaciones mientras unos hombres han logrado tener muchos hijos otros no lograron ninguno. Tal vez porque antes de poder reproducirse murieron, ya sea en guerras contra otras tribus, pisados por algún mamut al que intentaban cazar o defendiendo su orgullo masculino adolescente ante el reto de “¿A que no llegas de un salto?”.

También otros llegarían a la madurez, sí, pero sin poder reunir recursos suficientes para atraer a alguna mujer, ya que es de lógica que ante una distribución por sexos de en torno al 50% por cada hombre polígamo hay varios que se quedan con una mano sobre otra.

No es el caso de nuestro protagonista, que como queda bien claro desde el comienzo del primer episodio, forma parte de esa minoría rica. Su condición de empresario de éxito al frente de una cadena de tiendas de bricolaje, resulta un dato fundamental para darle verosimilitud a la historia. Si no tuviera tanto dinero… simplemente no sería polígamo. 

Por qué cada mujer de Bill es más joven que la anterior

una cadera bípeda dificulta el parto

La menopausia es una característica específicamente humana, no compartida con otros animales, que es debida a nuestras peculiaridades anatómicas. Básicamente es un mecanismo defensivo ante la dificultad del parto, debido al gran tamaño del cráneo que nos define y la estrechez de la cadera causada por el bipedismo, que hacía mortales los nacimientos a partir de cierta edad.

 Esto ha influido en la evolución de nuestras preferencias, que nos llevan a considerar sexualmente más atractivas a las mujeres jóvenes, ya que cuentan con más años de vida fértil por delante. De forma que instintivamente tendemos a buscar parejas jóvenes que cuando envejezcan serán sustituidas (si hay oportunidad para ello, claro) por otras más jóvenes.

Algo que se cumple escrupulosamente con Bill y sus señoras. Barbara es la primera y más mayor, ya llevan 17 años juntos. Luego vino Nicki, que es unos años más joven. Y por último Margene… que aparenta ser casi una adolescente y de hecho tiene una amistad un tanto extraña con el hijo mayor de Barbara.

Por qué las tres mujeres compiten por los recursos de su marido

Un hijo comparte como promedio el 50% de nuestros genes. Un hermano también. Un nieto tendrá el 25% de nuestra carga genética, mientras que un bisnieto o un primo tendrá un 12,5%. A esto en biología se le llama índice de parentesco. Dado que los seres vivos somos recipientes que usan los genes para transportarse de una generación a otra, una adaptación evolutiva óptima sería aquella que no solo nos ayude a perpetuarnos a cada uno, sino también a aquellos que más genes compartan con nosotros, es decir, a nuestros familiares.

Y este supuesto teórico se confirma en el mundo real cuando vemos como efectivamente casi todo el mundo tiende a dedicar más recursos (en forma de tiempo y/o dinero) y ayuda a alguien cuanto más directo sea el parentesco que lo una a él.

Por eso Bill reparte sus recursos por igual entre sus siete hijos, pues aunque de diferentes esposas, todos ellos comparten con él el 50% de sus genes. Pero… ¿qué ocurre con sus madres? Ahí está el meollo de la serie. Al menos en los episodios que llevo vistos.

Rezando antes de organizar el calendario de reparto del marido

Cada una de esas tres madres comparte también el 50% de los genes con sus respectivos hijos, pero el 0% con los hijos de las otras. Esa es una de las principales fuentes de conflictos en cada capítulo. Dado que a diferencia de Bill cada una sólo tiene interés en sus propios hijos, rivalizan continuamente por desviar más recursos hacia ellos. Margene por ejemplo en el segundo capítulo pide a Nicki su coche para llevar a sus hijos pero ella se niega a compartirlo. Así que reclama a Bill que le compre uno, a lo que él finalmente acaba cediendo.

Pero mientras tanto Nicki ha organizado en secreto una gran fiesta de cumpleaños para su hijo con más de 150 invitados en un hotel de lujo. Un exceso fuera del alcance de Bill, agobiado por las hipotecas de tres casas y el nuevo coche. Y así andan todo el rato a la gresca, sintiendo celos de manera cada vez más indisimulada.

Según el catedrático de psicología David M. Buss los celos son comunes tanto a hombres como a mujeres, aunque en promedio los primeros tienden a sentir más celos sexuales, ante el temor de acabar criando un hijo que no sea suyo, mientras que los celos comunes entre las mujeres son más afectivos y relacionados con el miedo a perder la atención y recursos de su pareja. Esto tendría un reflejo en que Barbara, Nicki y Margene parecen tolerar con resignación que folle más con ésta o con la otra, pero no que incumpla los días que le corresponde estar con cada una.

Si te haces mormón, que tus esposas sean hermanas

Los mormones parecen tan brasas como los de Jehová

La conclusión de todo esto es que casarse varias veces puede que tenga sus ventajas, pero desde luego parece ser un considerable quebradero de cabeza. Así que mi consejo para todo aquel que aspire a convertirse en un mormón polígamo de Utah es que opte por la bigamia sororal: que ambas mujeres sean hermanas.

Si lo que hemos visto anteriormente sobre el llamado “índice de parentesco” es cierto, entonces la biología nos indica que la lucha por los recursos se vería considerablemente moderada si los rivales también portasen genes propios. Si la otra esposa es una hermana, sus hijos tendrán el 25% de sus genes en común con la esposa rival. Que aunque seguirá demandando recursos para sí misma y sus hijos no querrá hacerlo a costa de sus sobrinos.

Parece ser que eso es lo que pasaba con el peculiar ladrón irlandés que acabó asesinado por el IRA, Martín Cahill. Tuvo hijos con dos hermanas y vivieron juntos todos ellos en aparente armonía. O al menos así lo muestran las dos películas sobre su vida que se hicieron, una protagonizada por Kevin Spacey (“Criminal y decente”, bastante regulera) y la otra por Brendan Glesson (The General), mucho mejor.

Por poner otro ejemplo más antropológico y con gafas, también es una práctica relativamente habitual en la población de Ocotal Grande, situada en la Sierra de Santa María, México, ya que en aquellas relaciones polígamas en las que las mujeres no son hermanas -señala la socióloga que los ha estudiado, Verónica Vázquez García- “el conflicto y la terminación de la relación es más probable por alguna de las tres partes”. Dado que no es esa la situación de Bill, mucho me temo que le quedan por delante al menos cuatro temporadas cargadas de problemas por lidiar.

Para saber más:

– La evolución del deseo, David M. Buss
El gen egoísta, Richard Dawkins
La tabla rasa, Steven Pinker

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Cómo fabricar una bomba nuclear

agosto 3, 2010

Bienvenidos terroristas del mundo, buenos días Ahmadineyad, hola señor Pingüino. Tras el desmantelamiento de la Unión Soviética y, especialmente, a partir del 11-S, un temor bastante generalizado en la opinión pública y argumento frecuente en diversas películas y series es que un grupo terrorista logre hacerse con una bomba nuclear para sus malvados fines. Si ese es el propósito del lector, nuestro consejo es que la fabrique por si mismo, veamos por qué.

Las armas nucleares rusas están fuertemente custodiadas

El argumento más habitual en dichas ficciones es que se adquiere del arsenal de la antigua Unión Soviética bien robándola o sobornando a algún funcionario ruso. Pero esto presenta tres problemas: El primero es que los servicios secretos de varios países suelen tener agentes ofreciendo comprar o vender este material para distorsionar cualquier mercado negro que pudiera formarse. El segundo problema es que las cabezas nucleares rusas y americanas tienen un mecanismo de seguridad que les lleva a explotar ante cualquier manipulación. No es una explosión nuclear, ojo, sólo una que destroza el mecanismo de la bomba. Así que incluso en la remota posibilidad de que un grupo terrorista llegase a hacerse con una, muy probablemente no sabría hacerla explotar. No es como escoger entre cortar el cable rojo o el azul. Por tanto los terroristas etarras que en cierto episodio de MacGyver secuestraron a una física para que les hiciera una bomba atómica ahí en medio del monte iban algo mejor encaminados.

Y por último pero no por ello menos importante, está Jack Bauer. Un agente que saboteará tus planes, te torturará y te matará si lo intentas. Incluso si sólo fantaseas con ello. Que nadie se lleve a engaño, parafraseando el argumento ontológico de San Anselmo, dado que Bauer es perfecto y la existencia es uno de los atributos de la perfección, Bauer existe. Aunque por razones de Seguridad Nacional prefiera parecer de ficción.

Lo primero, escoger qué bomba queremos

Hay básicamente tres modelos de bomba nuclear. En primer lugar están las de uranio, como la que explotó en Hiroshima. Su mecanismo de detonación es el más sencillo pero requiere uranio 235, un material muy difícil de conseguir. El uranio que se extrae de las minas es en gran parte (en un 99,3% para ser exactos) 238, Para lograr el 235 (es decir, que tiene tres neutrones menos en sus átomos) y conocido como uranio enriquecido, hay que separarlo del otro.

Dado que es un poco más pesado, la mejor manera de separarlo es metiéndolo en una centrifugadora, de manera que el 238 se quedará en la parte exterior y el uranio bueno se quedará en el centro. El problema es que dichas centrifugadoras son muy costosas, voluminosas y por tanto difíciles de disimular. De ahí que continuamente escuchemos en los informativos como a Irán le han descubierto estar construyendo tales instalaciones, por mucho que Ahmadineyad ponga cara de inocente.

En segundo lugar tenemos las bombas de plutonio. De este tipo es la que explotó en Nagasaki, las que infructuosamente intenta ensayar cada cierto tiempo Corea del Norte y plutonio era lo que empleaba el Delorean de Regreso al Futuro para viajar en el tiempo. El mecanismo de esta bomba –luego pasaremos a explicarlo- es bastante más complejo, pero a cambio tiene la ventaja de que el plutonio 239 que necesita es uno de los residuos que generan las centrales nucleares y por tanto es bastante más fácil de conseguir.

Explosión de la bomba Tsar

En tercer lugar tenemos la bomba de hidrógeno. La más gorda de todas, también conocida como bomba de fusión o termonuclear, genera una reacción física similar a la que se produce en el Sol. La URSS llegó a desarrollar una de 100 megatones (equivalente a 100 millones de toneladas de dinamita), a la que llamó Tsar Bomba, Bomba del Zar. Pese a que fueron a probarla a tomar por culo de lejos, en un archipiélago del océano Ártico llamado Nueza Zembla, poco antes de la prueba redujeron su potencia a 57 megatones porque temían que una explosión tan potente alterase el clima terrestre. La luz de su explosión al parecer pudo ser vista en mil kilómetros a la redonda. Su inconveniente es que requiere isótopos de hidrógeno y litio poco comunes y que para su detonación requiere a su vez otra bomba nuclear, de uranio o plutonio, que genere la energía suficiente para provocar la fusión del hidrógeno con helio. Así que si Ud es un terrorista islámico o un dictador de algún pequeño país tercermundista, esta bomba -por atractiva que resulte para su ego- me temo que queda fuera de su alcance.

El mecanismo de estas bombas

Para lograr una explosión nuclear en una bomba de uranio debe producirse una reacción en cadena entre los átomos de uranio. Esto consiste en que un neutrón suelto choca contra el núcleo de otro átomo, rompiéndolo –fisionándolo- y liberando así una gran energía y dos neutrones, que chocarán contra otros dos núcleos que a su vez liberan otros dos, una progresión de 2, 4, 8, 16…etc. Cada una de esas duplicaciones se llama “generación” y en la bomba de Hiroshima llegaron a producirse 81 generaciones o, lo que es lo mismo, 2 elevado a 81, que parece un número de fisiones muy grande pero que en realidad supuso apenas el 2% del uranio que contenía la bomba.

Ahí está parte del problema, en que es muy difícil mantener la reacción antes de que salte todo en pedazos, por eso no es físicamente posible que se produzca una explosión atómica en una central nuclear, que usa uranio del malo, el 238. Si el reactor revienta lo hace al modo de un explosivo convencional, que puede neutralizarse con un muro de contención de cemento como el que disponen las centrales actuales y del que la de Chernobil carecía.

Así que para que esa reacción en cadena no sea interrumpida es necesario que los neutrones de cada generación puedan efectivamente chocar contra otros núcleos y no perderse en el vacío. De la misma manera que disparando contra una multitud es más fácil dar a alguien, para que los neutrones desperdigados acierten se requiere una concentración suficiente de uranio que haga posible la reacción en cadena, lo que se conoce como “masa crítica”. Una cantidad de más de doscientos kilos, pero puede reducirse hasta apenas 15 kilos si el uranio se recubre de un material en el que reboten los neutrones.

Bombas de uranio y de plutonio

Para que la bomba no explote en nuestras manos es evidente que no podemos acumular esa cantidad. Por tanto permanecerá separada dentro de la bomba en cantidades menores que serán “ensambladas”, según la jerga técnica, en el momento de la detonación. Para ello las bombas de uranio cuentan con un cañón dentro de ellas (por eso tienen una forma alargada) que dispara una cantidad de uranio contra otra formando entrambas dicha masa crítica.

Las bombas de plutonio por su parte cuentan con la ventaja de que cada neutrón de este material libera al chocar contra un núcleo tres neutrones que a su vez chocan contra otros tres…etc, es decir, una potencia de tres. Pero también tiene una importante desventaja: entre el plutonio 239 que requieren suele estar infiltrado un saboteador llamado plutonio 240 que se fisiona espontáneamente y que provoca pequeñas reacciones antes de lograr la masa crítica.

La solución a esto consiste en rodear el plutonio de explosivos formando una esfera de tal manera que implosione generando tal densidad que los neutrones no se escapen y se logre la reacción en cadena. De ahí la forma esférica de la bomba de Nagasaki. Pero esto es como apretar un globo de agua entre las manos esperando que no reviente por ningún lado. Lograr una esfera de explosivos que estalle de forma tan homogénea y simultánea que consiga comprimir la materia colocada en su centro es una maravilla de la ingeniería que requiere muchos ensayos y mucho desarrollo tecnológico. Por eso, como decíamos, Corea del Norte apenas logra soltar pedetes de menos de un kilotón de potencia en sus ensayos.

Conclusiones

El cardio es bueno para bajar peso

Puesto que la bomba de hidrógeno ya la habíamos descartado por su complejidad entonces tenemos que las de uranio son relativamente fáciles de fabricar pero requieren un material cuya consecución requiere instalaciones mucho más complejas que esas habituales imágenes de campos de entrenamiento de terroristas de Afganistán, en los que siempre se ve a unos barbudos haciendo un circuito gimnástico con pasamanos y tirolinas que se supone que debe aterrorizar a Occidente. Pues bien por ellos, si el deporte es lo más sano que hay, ya es mala leche ir a bombardearles su gym.

Pero lo que no esté al alcance de los taliban quizá si lo esté para la secta japonesa del Día del Juicio Final Aum Shinirikyo, conocidos por el atentado con gas sarín en el metro de Tokio. Según cuenta Bill Bryson en su libro sobre Australia “En las Antípodas” ( de este autor merece una entrada aparte con aplausos y fuegos artificiales “Una breve historia de casi todo” el mejor libro de divulgación científica imaginable) poco después de las once de la noche del 28 de mayo de 1993 los sismógrafos del Pacífico detectaron un movimiento muy potente pero de carácter distinto a un terremoto cuyo epicentro estaba en el Gran Desierto Victoria australiano, donde dicha secta poseía 200.000 hectáreas de terreno, un laboratorio muy avanzado y dos ingenieros nucleares rusos a su servicio. En fin, quién sabe.

Por otro lado el plutonio es más fácil de conseguir, pero una esfera que implosione a la perfección requiere una sofisticación tecnológica y una cantidad de ensayos que excede el presupuesto de defensa de la mayoría de los países. No es por desanimar, pero yo esto lo veo mucho lío. Así que si Ud. es un terrorista y se empeña en lograr una bomba nuclear pues allá usted, aquí ya le he mostrado las líneas maestras al respecto. Si se desean más detalles recomiendo, por ese motivo y por otros muchos, el libro “Física para futuros presidentes” de Richard A. Muller. Profesor de Física de la Universidad de Berkeley y asesor presidencial en asuntos científicos.

 

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