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Por qué creemos en cosas raras

julio 1, 2010


El 8 de agosto de 1983 Michael Shermer  fue abducido por alienígenas. Era un ciclista profesional que participaba en la ultramaratón sin etapas Race Across America (en la que se corre  una media de 22 horas diarias) y cuando llevaba 2.000 kilómetros pedaleados -con sólo tres horas de descanso en total- se convenció de que los miembros de su equipo habían sido sustituidos por extraterrestres de idéntico aspecto y cuyo objetivo era matarle.

Ciclista abducido

Dispuesto a desenmascararlos, los interrogó minuciosamente y examinó si sus dedos meñiques estaban rígidos. Aquí una grabación de vídeo de ese preciso momento. Finalmente su equipo logró bajarle de la bici para que durmiera 45 minutos y todo volvió a la normalidad. Aunque ese episodio influiría bastante en su posterior forma de pensar. 

Por aquel entonces Shermer ya estaba empezando a dejar atrás su fervor religioso juvenil  (había comenzado a estudiar teología cristiana en la universidad, aunque luego se pasó a psicología) pero no dudaba en servirse de toda clase de doping paranormal para ayudarse en las carreras. Energía de pirámides, masajes de tejido profundo, electro-acuscopio para sintonizar su cerebro (esto parece un invento del doctor Bacterio), iones negativos, iridiología, baños de barro, acupuntura, acupresión y otras tantas cosas.

La caída del guindo

En uno de esos giros profesionales y vitales que parecen bastante comunes en Estados Unidos, tras retirarse del ciclismo se doctoró en filosofía y llegó a ser profesor de historia de la ciencia en el Instituto de Tecnología de California, una de las universidades más prestigiosas del mundo. Miembro fundador de la Skeptical Society, desde hace unos  años se dedica incansablemente a fustigar toda clase de supersticiones y creencias paranormales, desde la autoridad que le da habérselas creído todas previamente. También es una autoridad mundial en el estudio del Holocausto. Como pese a sus vaivenes conserva esa curiosidad por probarlo todo a menudo la mejor forma que encuentra Shermer de desacreditar las supercherías es probándolas él mismo.

Así que lo mismo camina sobre ascuas en compañía de fundamentalistas religiosos (la madera es un mal conductor del calor y de ahí que no se quemen, su fe probablemente no les protegería las plantas de los pies sobre una plancha de acero al rojo vivo), se somete a un test de grafología, participa en cursos sobre cómo doblar cucharillas con el poder de la mente y tiene experiencias extrasensoriales gracias a un casco electromagnético (¡yo quiero probar eso!).

Pero además de sus intervenciones en diversos medios de comunicación que le han dado bastante popularidad ha escrito varios libros. El que da título a esta entrada, Por qué creemos en cosas raras es altamente cojonudo y recomendable. En él describe el método científico y por qué funciona, disecciona varias de las especialidades magufas anteriormente mencionadas y también dedica una parte importante al análisis del creacionismo y del negacionismo del Holocausto.

La superstición no es cosa de tontos

Un espectro de Zaragoza

También intenta dar respuesta a qué aspectos de nuestra mente nos llevan a creer en tales cosas, que no son en absoluto exclusiva de personas ignorantes o de escasa inteligencia. De hecho, y aquí está la paradoja, a menudo las personas con una inteligencia y educación superior a la media suelen mostrar más predisposición a las creencias irracionales. Esto se debe a que son capaces de argumentar más y con mayor sutileza a favor de dichas creencias y muestran por tanto más resistencia a abandonarlas.

En psicología se llama “atribución dispositiva” a la tendencia que mostramos a menudo a considerar los propios logros como fruto de nuestra inteligencia y esfuerzo y atribuir los de los demás a la suerte y las circunstancias. Por ese motivo también se considera que las posiciones que uno toma han sido elecciones razonadas y no racionalizaciones a posteriori de un prejuicio (eso les pasa a los demás).

En consecuencia, las personas con mayor inteligencia tendrían más propensión a creer que su postura se basa en la razón y la lógica y no en emociones o creencias de su entorno interiorizadas. Sheldon Cooper sería un ejemplo paradigmático.

Respecto a la variación por sexos por lo que nos cuenta no hay diferencias en el nivel de credulidad aunque si hay ciertas preferencias acerca de a qué ámbitos aplicarla. De forma que en promedio las mujeres son más propensas a creer en los fantasmas y en que podemos comunicarnos con los muertos (así que no te libras de oírlas hablar ni muerto) mientras que los hombres creen más en que los extraterrestres han visitado la Tierra.
En conclusión, Michael Shermer es un tipo inquieto, de una curiosidad insaciable y en contra de lo que pudiera parecer no se ha convertido en ninguna clase de integrista científico. Es razonable y moderado y da además la impresión de ser bastante simpático. Aquí un video con subtítulos en inglés en el que Shermer muestra su “Kit detector de chorradas”:


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4 comentarios

  1. Lo que hace interesante a este ‘otro escéptico más’ es que haya pasado por el redil. Y por lo que dices que sea simpático. Hay un tonillo general de mala ostia y suficiencia que más que denunciar parece que pretende demostrar la superior inteligencia del escéptico.

    Yo mismo padecí años de kundalini yoga y compañias newage con excelentes resultados en mi persona. Fisicamente me dió las herramientas para aprender a dominar mi cuerpo y mentalmente me hizo soberanamente escéptico ante tanta tontería.


  2. Por una de estas casualidades de la vida, justo hace una semana vi el documental “Exorcismos” del National Geographic y salía precisamente el bueno de Michael hablando sobre un predicador estadounidense que llevaba como 6.000. Muy recomendables las cosas que se cuentan ahí y los expertos que aparecen (entre ellos la psicóloga Elisabeth Loftus, que se ha pasado media vida haciendo experimentos donde induce falsos recuerdos en las personas, entre ellos…un exorcismo).

    Por cierto, dosifícate, que con este ritmo de publicaciones te vas a fundir en 3 meses.


  3. Escelente comienzo, tenía que decidirme si ponértelo en el Focoemporio o aqui, y he preferido engrosar tu lista de respuestas. Volveré!


  4. Yo pienso que creemos en cosas raras por que realmente existen cosas raras,pero en realidad no son raras,simplemente escapan a nuestro entendimiento y entonces una parte de la población lo atribuye a fenómenos paranormales y cosas así,entonces surge el conflicto con quienes dicen que lo paranormal no existe y los que dicen que sí,unos dicen que no puede ser y entonces afirman que todo es mentira,cuando puede no ser así,y otros,en su ignorancia creen en cuentos y cosas raras,pero también se equivocan.Mi opinión es que es cierto que existen cosas “raras” y aun desconocidas para nosotros,pero esas cosas raras en verdad tienen explicación científica,solo que aun no la hemos encontrado.



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