Archive for 26 junio 2010

h1

La cerveza como origen de la civilización

junio 26, 2010

Pero hasta el desarrollo del alcantarillado la humanidad tuvo otra manera de protegerse de las enfermedades que podía transmitir el consumo de agua. Consistió en echarse al coleto algo bastante mejor. Steven Johnson lo explica en “El mapa fantasma”:

“La búsqueda de agua potable se remonta a los orígenes de la civilización. Tan pronto como se formaron los primeros asentamientos humanos, enfermedades de transmisión hídrica como la disentería se convirtieron en un importante obstáculo para la población. Durante gran parte de la historia de la humanidad, la solución a este problema crónico de salud pública no consistió en potabilizar el agua. La solución fue beber alcohol.

En una comunidad que carecía de provisiones de agua pura, lo mas parecido a un fluido “puro” era el alcohol. Cualesquiera que fuera los riesgos que planteara para la salud la cerveza (y más tarde el vino) en los primeros días de asentamientos agrícolas, las propiedades antibacterianas del alcohol servían para contrarrestarlos.  Era mejor morir de cirrosis del hígado a los cuarenta años que de disentería a los veinte.

Diferentes botellines del líquido elemento

Muchos historiadores de inspiración genetista opinan que la confluencia de la vida urbana y del descubrimiento del alcohol genero una presión de selección masiva en los genes de todos los humanos que abandonaron el modelo de vida cazador-recolector. Al fin y al cabo, es bien sabido que el alcohol es un veneno mortal y adictivo. Para digerir grandes cantidades de esta sustancia, es necesario que el organismo sea capaz de incrementar la producción de unas enzimas llamadas alcohol dehidrogenasas, rasgo regulado por un conjunto de genes situados en el cromosoma cuatro del ADN humano.

Muchos de los primeros agricultores carecían de ese rasgo, por lo que eran genéticamente incapaces de “retener su alcohol”. En consecuencia, muchos morían a una edad temprana sin haber tenido hijos, ya fuera por el abuso del alcohol o por las enfermedades transmitidas a través del agua. A lo largo de varias generaciones, el banco genético de los primeros granjeros fue quedando bajo el dominio de los individuos capaces de beber cerveza con regularidad.

Si el vino es considerado por su color rojizo la sangre de Cristo, mejor no preguntar qué es la cerveza.

La mayoría de la población del mundo actual desciende de aquellos primeros bebedores de cerveza, y hemos heredado en gran medida su tolerancia genética al alcohol. (Lo mismo sucede con la tolerancia a la lactosa, que paso de ser un rasgo genético poco frecuente a introducirse, gracias a la domesticación del ganado, en la tendencia dominante entre los descendientes de los vaqueros). Los descendientes directos de los cazadores-recolectores, igual que muchos indios americanos y aborígenes australianos, nunca se vieron forzados a superar  ese obstáculo genético, razón por la cual hoy en día muestran desproporcionados índices de alcoholismo.”

Lo cual nos remite a aquella conocida anécdota de la filmación de La Reina de África en el Congo, en la que todo el equipo de rodaje cayó enfermo de disentería excepto John Huston y Humprey Bogart, quienes al parecer se hidrataron únicamente con el whisky traído de América.

 En conclusión, que sin la cerveza quién sabe si habrían sido posible el paso al sedentarismo, el desarrollo de la agricultura, la formación de grandes núcleos de población y en definitiva –y aquí pongamos los ojos en blanco y que empiece a sonar el “Así habló Zaratustra”- el inicio de la civilización misma.

h1

Alcantarillado en los tiempos del cólera

junio 25, 2010

El mapa fantasma” de Steven Jonson es un ensayo muy  recomendable narrado como si fuera una investigación policial en torno a una plaga de cólera vivida en Londres a mediados del siglo XIX y cómo proporcionó las claves para enfrentarla a un investigador de la época, John Snow. Es muy recomendable, como digo, pero tampoco imprescindible, porque para eso está este resumen.

Por entonces Londres era una ciudad de más de dos millones de habitantes que carecía de un sistema de alcantarillado moderno, por lo que las aguas fecales eran vertidas en los mismos pozos en los que se recogía el agua para su consumo. La consecuencia de esto eran plagas periódicas de cólera que se llevaban por delante miles de personas.

A nadie se le ocurrió relacionar ambas cosas porque existía la convicción entre los médicos de la época de que el cólera era una enfermedad miasmática, es decir, se trasmitía a través del aire. Londres era una ciudad célebre por su pestilencia y un foco continuo de cólera, así que una cosa debía ser consecuencia de la otra, dedujeron los expertos de aquel entonces. Quizá mientras degustaban un buen vaso de agua con sabor a mierda.

En este momento entra en escena nuestro héroe. John Snow era un médico de provincias que tras emigrar a Londres logró un gran reconocimiento como anestesista, hasta el punto de que en 1853 llegó a ser requerido por la Reina Victoria para que le suministrase cloroformo durante su octavo parto.

Apenas un año después se desató en Londres una epidemia de cólera de tal virulencia que en algunos barrios acabó con la vida del 10% de sus habitantes. En otros muy próximos sin embargo no tuvo ninguna incidencia. Esta distribución tan poco uniforme despertó la curiosidad de Snow, quien sentía cierta desconfianza sobre la supuesta naturaleza miasmática del cólera. Por su experiencia con el éter y el cloroformo conocía el modo en el que los gases se propagaban por el medio ambiente y no encajaba con la localización de los afectados.

Entonces tuvo una ocurrencia muy sencilla que no sólo le permitió dar con el origen de la plaga sino que además causó un enorme impacto en el tratamiento de datos por la ciencia moderna: buscó las estadísticas de defunciones que se publicaban periódicamente y comenzó a dibujar puntitos que las representaban sobre un mapa de la ciudad.  

Éste fue el mapa original y puede verse fácilmente cómo las muertes se concentraban en torno al surtidor de agua de Broad Street. Así que el cólera parecía transmitirse por el agua, no por el aire como señalaba la doctrina establecida. Tras lograr de las autoridades que fuera precintado, se descubrió que su pozo recibía aguas fecales de una casa vecina donde se dio el primer caso de cólera de la zona. Aunque la aceptación de las teorías de Snow no fue inmediata, con el paso de los años acabó imponiéndose y Londres construyó en 1870 un sistema de tratamiento de aguas que para 1930 ya había sido imitado en todas las ciudades industrializadas del mundo. Más adelante, en el año 1986, el grupo Toreros Muertos cantó “Mi agüita amarilla”, todo un himno a las consecuencias de un deficiente tratamiento de las aguas residuales que sin duda habría gustado a nuestro protagonista.

h1

Buenas

junio 14, 2010

El movimiento se demuestra andando, así que en lugar de una extensa presentación de objetivos a incumplir mejor dejar que aquello que vaya publicando sea lo que defina este blog. De él de momento sólo puedo decir que está escrito desde el corazón. Y es que basta echarle un vistazo para comprobar que aquí el cerebro no ha intervenido mucho.

A %d blogueros les gusta esto: